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Sororidad en la escena under, desafíos y posibilidades

Sororidad en la escena under por amapola multicolores para Grítalo Magazine

En la escena independiente la libertad convive con tensiones silenciosas. Este texto reflexiona sobre la sororidad como una práctica concreta capaz de transformar la competencia en colaboración y de fortalecer una comunidad cultural más diversa, solidaria y consciente de sus propias dinámicas.

Por Amapola Multicolores.


La escena under suele pensarse como un territorio libre. Un lugar donde no existen jerarquías rígidas ni estructuras que limiten la expresión. En ese imaginario conviven la autonomía, la autenticidad y una apertura que muchas veces se presenta como más honesta que la del circuito cultural dominante. Ese espíritu ha permitido que aparezcan proyectos valiosos, propuestas arriesgadas y espacios donde lo experimental encuentra acogida.


Sin embargo, cuando una se detiene a mirar con atención, también aparecen tensiones que no siempre se mencionan, que son silenciosas y que pueden convertirse en barreras. La escena independiente no está aislada de las lógicas del mundo que la rodea. Las desigualdades, los egos y las competencias silenciosas también atraviesan estos espacios que se dicen alternativos.


En ese contexto, la sororidad deja de ser una idea bonita y se vuelve una práctica imperante. No se trata de una consigna que se repite ni de una etiqueta que adorna discursos. Tiene más que ver con gestos concretos que muchas veces pasan desapercibidos. Reconocer el trabajo de otra artista, recomendar su proyecto, abrir espacios para que nuevas voces circulen, compartir información que de otro modo quedaría en círculos cerrados.


Uno de los desafíos más evidentes dentro de la escena under es la lógica de la escasez. Los espacios son pocos, los recursos limitados y las oportunidades a veces parecen contadas con los dedos de una mano. En ese escenario es fácil caer en la competencia entre quienes en realidad podrían ser compañeras. La presión por sostener proyectos personales muchas veces empuja a proteger el propio lugar antes que a construir comunidad.


Pero justamente ahí aparece una posibilidad interesante. Cuando las redes de apoyo empiezan a surgir, cuando la colaboración se vuelve parte natural del proceso creativo, algo cambia en la dinámica de la escena. Lo que antes parecía una carrera solitaria empieza a transformarse en un entramado más amplio donde cada proyecto nutre a los demás.


La sororidad dentro del circuito independiente no implica idealizar las relaciones ni negar las diferencias. Implica asumir que la construcción cultural también necesita vínculos que sostengan, que el crecimiento de una artista no necesariamente reduce el espacio de otra, que la escena se fortalece cuando deja de funcionar como una suma de esfuerzos aislados y empieza a pensarse como una comunidad viva.


Quizás uno de los desafíos más profundos sea animarse a revisar las propias prácticas. Preguntarse cómo se construyen los espacios, quiénes quedan fuera de ciertas redes, quiénes son siempre invitadas y quiénes nunca aparecen en las programaciones. Estas son preguntas que pueden incomodarnos, pero también son necesarias si de verdad se quiere sostener una escena diversa, fértil y realmente nutritiva.


En medio de esas tensiones, la sororidad aparece como una posibilidad concreta, no como un ideal lejano, sino como una forma cotidiana de habitar la escena. Un gesto que amplía los márgenes, que abre puertas y que viene a recordarnos que ninguna escena cultural crece en soledad.


2 comentarios

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Invitado
16 mar
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Gracias 💕✊🏽

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Invitado
16 mar
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🤘🏽

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