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Cuando la caída no es estética | La salud mental no es un juego.

Cuando la caída no es estética la salud mental no es un juego por grítalo magazine.

En la escena under el dolor no es un accesorio ni una estética. Es real, intenso y muchas veces silencioso. Esta es una llamada a mirarnos, acompañarnos y sostenernos antes de que sea demasiado tarde.


En la escena under muchas veces el dolor se viste de mito. La depresión, la ansiedad, la idea de irse, el consumo que destruye, todo parece parte del paisaje. Como si sufrir fuera un accesorio de estilo, como si la intensidad fuera razón para romantizar la caída. Pero duele de verdad. Y nos estamos matando mientras a veces solo miramos.


Hace un par de semanas nos dejó el Pelao Vera. Compañero cercano, amigo de conciertos, de charlas, de risas que ahora se sienten cuchillos. Enfrentar su partida fue un golpe que no se olvida. Y sabemos que no es un caso aislado. Cada uno de nosotros ha visto caer a alguien. Y muchas veces lo hemos ensalzado. Lo hemos glorificado sin pensar en el calvario que realmente vivía.


Vivimos en tiempos hostiles. La soledad se esconde detrás de pantallas y acordes. La presión, la precariedad, la vida intensa nos aplasta. Necesitamos sostenernos. 


La amistad, el amor, la compañía no son palabras bonitas. Son la diferencia entre salir del pozo y quedarse atrapado. El ruido puede acompañar la pena, pero nunca sustituye la presencia humana. No podemos dejar a nadie solo.


Cuidarse no es debilidad. Pedir ayuda no es fracaso. Hablar de lo que sentimos no es drama, es supervivencia. Celebramos la intensidad, pero también debemos celebrar la resistencia. Estar, escuchar, acompañar sin juzgar, acompañar sin romantizar.


La escena under puede ser refugio, puede ser caos, puede ser música, pero también puede ser compañía. Cada gesto importa. Cada palabra, cada llamada, cada abrazo puede ser lo que saque a alguien del pozo más profundo. No podemos confiar solo en el ruido o en la estética para acompañar la pena. La presencia real es lo que salva.


Y aunque parezca que todo se desborda, que la intensidad es demasiado, podemos aprender a sostenernos. Aprender a mirar al otro sin romantizar su dolor. A estar sin juzgar. A amar sin condiciones. Porque en esta escena, en este territorio que elegimos, la vida de quienes nos rodean vale más que cualquier mito, que cualquier canción o historia de sufrimiento. Sostenernos es el acto más subversivo que existe.


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Invitado
16 mar
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Amor

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