SONAR TEMUCO | UN FESTIVAL PARA ENCONTRARSE EN LA DIVERSIDAD DEL SONIDO
- Grítalo

- 15 mar
- 3 Min. de lectura

El festival organizado por el colectivo Espectro Sonoro reunió durante más de nueve horas a proyectos musicales de distintos estilos, confirmando que la escena local puede dialogar, mezclarse y construir comunidad.
En una ciudad donde las escenas musicales suelen avanzar en paralelo sin cruzarse demasiado, el festival Sonar Temuco apareció como una declaración de principios. Organizado por el colectivo Espectro Sonoro, el encuentro propuso algo simple y a la vez ambicioso. Reunir en un mismo espacio a artistas de distintos estilos para que compartieran escenario, público y conversación.
La jornada comenzó temprano y avanzó como una larga travesía sonora. Desde las 15.00 horas el escenario empezó a desplegar un mosaico musical que fue transitando por distintas sensibilidades y propuestas.
Myke Vyla abrió el festival marcando el punto de partida de un recorrido que continuó con Katu Beltza y Yiliane, dando forma a un primer bloque donde la diversidad ya comenzaba a sentirse.
Con el correr de la tarde aparecieron Pie de Atleta y Noise, mientras el público iba creciendo y el ambiente adquiría ese ritmo particular de los encuentros autogestionados. Más tarde llegaron Valle Bonsai y Conjunto Rumbosón, ampliando aún más el espectro estilístico de la jornada.
Cuando la noche comenzó a asentarse sobre el lugar, el escenario siguió su curso con Gatos Roñosos, Mecanismo de Defensa y Misantrö, bandas que empujaron la intensidad del encuentro hacia territorios más eléctricos y viscerales.
El tramo final mantuvo la energía en alto con Autosabotaje, Abducción y Tripal, cerrando la maratón musical antes de que la pista quedara en manos de los DJs que extendieron la celebración hasta entrada la madrugada.
Pero Sonar Temuco no fue solo un cartel de bandas. Fue también un espacio de encuentro para distintos proyectos culturales que participaron con stands, circulación de material y conversaciones entre artistas y público.
En ese contexto, Grítalo Magazine fue invitado a formar parte del festival con un stand donde se distribuyeron ejemplares de la revista y se compartió con quienes se acercaron durante la jornada. Además, desde el lugar se realizó una transmisión en vivo a través de Grítalo Radio, registrando parte del ambiente del festival y guardando memoria sonora de varias presentaciones.
Detrás de esta iniciativa está la visión del colectivo Espectro Sonoro, una productora independiente que busca fortalecer la escena artística local a partir de la colaboración, la autogestión y el encuentro entre proyectos que habitualmente no comparten espacio.
Su manifiesto plantea con claridad el problema que intentan enfrentar. En muchas ocasiones las escenas musicales funcionan como compartimentos cerrados, donde cada género se mueve dentro de su propio circuito. El festival surge precisamente para romper esa lógica y permitir que artistas, técnicos, proyectos culturales y público puedan reconocerse como parte de un mismo ecosistema creativo.
La propuesta también incorpora una mirada política y comunitaria. Desde el colectivo sostienen que la música en vivo no es solo entretenimiento, sino una forma de generar tejido social, abrir espacios seguros y visibilizar el trabajo artístico en un contexto donde la cultura suele desarrollarse en condiciones precarias.
En ese sentido, el festival no se plantea como un evento masivo, sino como un espacio de densidad cultural. Un lugar donde lo importante no es la cantidad de público sino la posibilidad de que las escenas dialoguen y se reconozcan entre sí.
Si algo dejó claro esta primera experiencia es que Temuco tiene música de sobra, pero también necesita más espacios donde esa diversidad pueda convivir. Sonar Temuco fue, al menos por una jornada completa, una pequeña demostración de que cuando las escenas se mezclan el resultado no es ruido.
Es comunidad.
Y ese sonido, cuando aparece, suele quedarse resonando bastante tiempo.





Comentarios