top of page

Del reminiscente finar campesino a las nuevas generaciones y sus proyectos musicales

21 sept
4 min de lectura

La guitarra traspuesta, con sus afinaciones heredadas del mundo campesino, ha acompañado durante generaciones la vida cotidiana del campo chileno. Hoy, ese legado sonoro trasciende la tradición y comienza a dialogar con las nuevas generaciones de músicos, quienes encuentran en los finares campesinos una fuente inagotable de identidad, experimentación y creación.

Por Leonardo Matus


Del reminiscente finar campesino a las nuevas generaciones y sus proyectos musicales

Hay una guitarra antigua que es propia del territorio, en su manera y forma de interpretarla. Me refiero a la guitarra traspuesta o campesina, herencia propia del campo, legado de nuestros abuelos y abuelas, compañera de alegrías y penas, presente en las actividades propias del mundo rural.


Se llama traspuesta o campesina porque su temple o finar es distinto al que universalmente conocemos (Mi, Si, Sol, Re, La, Mi,) La afinación común o universal es utilizada por los músicos o bandas que generalmente escuchamos a diario, o cuando vamos a un concierto en la gran capital, a un recital local en la región o a un carrete casero. Ahí está presente este común finar universal.

En el caso del finar campesino es diferente, Se encuentra en el campo, ahí, entre las grandes extensiones de arboledas y barbechos, entre el olor a potrero y la actividad agrícola-ganadera, Ahí está presente. 


Los principales responsables de mantener viva esta tradición en el finar son los cultores y cultoras naturales.


El finar es esa manera de templar el instrumento con otra relación armónica, con otra distancia tonal entre cuerda y cuerda, distinta a la mencionada anteriormente, la universal o común. En el finar campesino, la distancia tonal de una cuerda con otra se acomoda a la altura natural de la voz de la cultora o cultor, se moldea a los requerimientos del intérprete, a la voz, Se sube o baja de tono según la necesidad y se dejan acordes abiertos, facilitando también su ejecución, entregando acordes simples a la vista de otros, pero significativos y profundos en su armonía y sonido a la hora de la escucha del oído atento, Son acordes que evocan a la tierra, donde al ser tocada la cuerda al aire, simpatiza su sonido con otras y se entrelazan esos vibratos con acordes octavados o por terceras, dando una sensación muy especial al momento de prestarles la suficiente atención e internalizar en el alma ese canto y sonido tan particular de la guitarra, propio de los y las cantoras naturales de esta región.


En casamientos, bautizos, velorios de angelitos y fiestas propias de las actividades religiosas del campo, el finar estaba presente. Tonadas, valses, cuadrillas, cuecas y polkas eran las danzas que se bailaban.


Dice un dicho popular que son cuarenta las afinaciones diferentes y que al que se sabe cuarenta y una se lo lleva el diablo. En lo personal, creo que aprender esa cantidad es imposible, ya que con siete bien dominadas logramos un repertorio bastante amplio y rico para compartir. Es el caso de la cultora de la zona de Medahue, Faja 10, camino a Cunco por Huichahue, la señora Deidamia Veloso (Q.E.P.D.), quien dominaba, a lo menos, siete finares y con eso tenía para darse vueltas durante una extensa jornada de canto y música instrumental.


Aprender todas las afinaciones quizás sí sea bueno al momento de estudiarlas y conocerlas, ¿pero será necesario al momento de interpretar nuestras músicas en un escenario con tal cantidad de finares? Más bien creo que el dicho popular nos advierte y sugiere que quien logre esa cantidad de finares luego olvidará las primeras aprendidas o, lisa y llanamente, faltará tiempo para darlas a conocer en público.


En el caso del centro-sur del país, se ha logrado registrar o recibir de informantes una gran cantidad de estos finares y sus variantes, Eso lo podemos comprobar con la publicación del libro Finares Campesinos, de Raúl Díaz Acevedo, de Temuco. Su primera edición es del año 1994 y, posteriormente, fue revisada y aumentada en la edición del año 2023, en la que registra más de setenta finares.


Entre los más comunes que se ocupan en la Región de La Araucanía, por nombrar algunos, y su relación armónica, tenemos la 

Tercera Alta (Do#, La, Fa#, Re, La, Re)=Re

Transporte (Mi, Do, Sol, Do, Sol, Do)=Do Cuyana, Españolita o Transporte Triste (Re, Si, Sol, Re, Sol, Re)=Sol


Todas estas afinaciones son utilizadas con bastante frecuencia en la Región de La Araucanía, pero lo más novedoso hoy es que ya no solo forman parte del repertorio campesino , sino que también los músicos más experimentados y aventureros, con ideas progresivas en sus propuestas musicales, ocupan estos temples, ecualizando nuevos sonidos y generando atmósferas, soportes y colchones armónicos en líneas melódicas y motivos.


Bien lo decía nuestra querida Violeta Parra Sandoval: "Escribe como quieras, usa los ritmos que te salgan, prueba diferentes instrumentos, siéntate al piano, destruye la métrica, grita en vez de cantar, sopla la guitarra y toca la trompeta, odia las matemáticas y ama los remolinos; la creación es un pájaro sin plan de vuelo, que jamás volará en línea recta".


Esto, llevado a los finares, nos propone que estos temples pueden ocuparse en todo orden. Las y los nuevos compositores son bienvenidos a tomar este legado entregado por nuestros antiguos, que está ahí, tan cerca de nosotros; hacerlo propio y permitir que se acuñe en su instrumento. Incorporar estos finares a las nuevas composiciones, sin duda, dará riqueza y profundidad a lo nuevo que se compone y se presenta al corazón y al público.


Del reminiscente finar campesino a las nuevas generaciones y sus proyectos musicales




Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page