UNA DÉCADA EN RUTA | Psycho Band celebró sus 10 años junto a Damán en el Galo Sepúlveda.
- Grítalo

- hace 4 días
- 3 Min. de lectura
La gira aniversario de Psycho Band recaló en Temuco con una fecha sólida y sin concesiones, producida por Agua Roja, donde Damán abrió la jornada con precisión y músculo sonoro, reafirmando que el rock original sigue escribiendo su historia desde el escenario y no desde la nostalgia.

Con una puntualidad poco habitual, y por eso mismo digna de subrayar, Agua Roja Producciones dio el vamos a una nueva fecha en el Centro Cultural Galo Sepúlveda el pasado 29 de enero, como parte de la Gira de los 10 años de Psycho Band, acompañados por Damán, en una jornada que dejó claro que la música original, cuando se hace en serio, no necesita fuegos artificiales para brillar.
La tocata estaba citada a las 18:00 horas y, fiel al sello que caracteriza a Agua Roja, comenzó apenas pasados unos minutos. A las 18:15–18:20, los engranajes ya estaban girando.
Damán: cohesión, precisión y músculo sonoro
Los encargados de abrir la jornada fueron Damán, quienes desplegaron un show sólido desde el primer golpe. Con un sonido impecable, la banda presentó parte de su primer disco, disponible en Spotify, un registro grabado en vivo con su formación anterior. Tras interpretar cerca de tres temas de ese material, el set viró decididamente hacia el presente: composiciones nuevas, ejecutadas con seguridad y convicción.
Uno de los elementos que aportó capas adicionales a la experiencia fue el trabajo visual, apoyado por proyecciones que dialogaban con la música sin distraerla.
Pero si hay algo que define a Damán es su cohesión interna, bajo, guitarra y batería funcionan como un bloque compacto, con tiempos quirúrgicos, pausas precisas y una ejecución que delata trabajo fino, metrónomo mediante o no. El resultado, una banda que suena cuadrada, firme y con identidad, sosteniendo un show de aproximadamente 45 minutos sin fisuras.
Psycho Band: 10 años de oficio y un sonido propio
Luego fue el turno de Psycho Band, proyecto santiaguino que celebra una década en la escena y que no necesita presentación extensa. Apenas se instalaron, comenzaron a tocar. Sin discursos, sin rodeos, música directa al cuerpo.
Su propuesta se mueve con soltura entre pasajes progresivos, guiños que pueden recordar por momentos a Pink Floyd, cortes más veloces y densos que evocan cierta estética metal progresiva, incluso con ecos lejanos a Dream Theater, aunque siempre desde un lenguaje propio. Más que influencias, lo que se percibe es oficio, cortes bien resueltos, dinámicas claras y un sonido reconocible, algo que solo se construye con años de escenario.
El set se extendió también por cerca de 45 minutos, y al finalizar, la respuesta del público fue clara, pidieron más. Psycho Band respondió con un par de temas adicionales, cerrando así su paso por Temuco con una despedida que dejó gusto a continuidad.
Un punto bajo que no opaca el fondo
Si hay un aspecto que merece una mención crítica, porque Grítalo no maquilla la realidad, fue la baja asistencia de público. Un dato que duele, aunque se entienda: verano, agendas dispersas, calor y cansancio. Aun así, el llamado es evidente. Este tipo de conciertos necesita más presencia, más cuerpos frente al escenario, más oído atento.
Porque lo que ocurrió en el Galo Sepúlveda fue un buen show, con sonido profesional, bandas afines entre sí y una demostración clara de que la música nacional original no tiene nada que envidiarle a propuestas importadas ni a circuitos de tributo. Al contrario, cuando hay trabajo, identidad y convicción, el rock local se planta de igual a igual, o mejor, frente a cualquier referencia externa.
Una fecha que no solo celebró 10 años de Psycho Band, sino que volvió a poner sobre la mesa una verdad incómoda y necesaria: la escena existe, el talento está; ahora falta que el público llegue.
Fotografías y reporte realizado por Maximiliam Romero de TodoYo Producciones para Grítalo Magazine.
Registro fotográfico complementario a cargo de Saturna Fotografía.





Comentarios