Grítalo Magazine Vol. 12 | Aniversario un año de ruido.
- Grítalo

- 30 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Este último número del año no es una despedida elegante ni un cierre prolijo. Es una pausa consciente para mirar lo recorrido, sacudir el polvo y volver a levantar la voz. Grítalo Magazine cumple un año respirando desde los márgenes y hoy ese gesto deja de ser intuición para transformarse en oficio.
Este volumen 12 no llega liviano. Llega cargado de memoria, de errores asumidos, de aprendizajes que dolieron y de certezas que se fueron afinando con cada página impresa. Un año completo haciendo esto sin red, sin atajos y sin pedir permiso. Doce ediciones levantadas a pulso, desde Labranza, desde el sur real, ese que no aparece en las postales pero sostiene la escena cuando el entusiasmo flaquea.
Durante este primer año entendimos algo esencial. El ruido no se sostiene solo con bandas tocando. Se sostiene con quienes graban cuando nadie más quiere grabar. Con quienes abren salas, estudios y bares aun cuando la rentabilidad no está garantizada. Con quienes documentan, fotografían, producen y escriben sin esperar aplausos. Este volumen pone el foco ahí, en quienes hacen sonar el underground, porque sin ellos la escena no tendría cuerpo ni memoria.
Aquí aparecen productores, estudios y espacios que no buscan pulir la aspereza sino respetarla. Sonido Satánico capturando lo más crudo del metal regional sin domesticarlo. La Bodega entendiendo que tocar, grabar y transmitir puede suceder en un mismo gesto colectivo. Personas y proyectos que no romantizan la precariedad, pero tampoco la usan como excusa para bajar el estándar.
Este año también confirmó algo que ya intuíamos. La Araucanía no está dormida. Está activa, diversa y más intensa de lo habitual. Festivales, tocatas, sesiones íntimas, lanzamientos y retornos históricos convivieron en un calendario que obligó a organizarse mejor, a elegir coberturas, a asumir límites. No llegamos a todo y no lo ocultamos. Preferimos documentar menos, pero hacerlo bien. Con respeto por el trabajo ajeno y por nuestros propios cuerpos.
Grítalo sigue siendo lo mismo desde el primer número. Dos personas haciendo absolutamente todo. Contactar bandas, editar textos, diagramar, imprimir, encuadernar, distribuir. Horas robadas al descanso y a la vida doméstica. No hay épica en eso, hay convicción. Y la convicción, cuando es real, no se grita. Se sostiene.
No somos una vitrina ni un favor editorial. No cobramos por aparecer, no censuramos discursos, no suavizamos contenidos. No bajamos el volumen para caer bien. Creemos en la autogestión como práctica diaria, no como slogan. Creemos en la colaboración y el apoyo mutuo como base y no como gesto simbólico.
Este volumen cierra un primer año de ensayo y error, de entusiasmo desbordado y cansancio acumulado, de ruido constante y aprendizajes profundos. Cierra un ciclo, pero no clausura nada. Al contrario. Ordena el ruido, afirma la voz y deja claro que este proyecto no fue un impulso pasajero.
Seguiremos gritando desde el sur. Desde Temuco, desde La Araucanía, desde los espacios donde la música original todavía importa. Porque mientras existan bandas creando, personas documentando y comunidades sosteniendo el ruido con sentido, habrá futuro. Y este recién comienza.
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