El hambre y las ganas de comer | Un split que conecta a Temuco, Valdivia y Santiago en ocho canciones de emo y post-hardcore.
- Grítalo

- 19 jun
- 3 min de lectura
Cámara Chilena de la Destrucción y La Estrategia del Caracol presentan un trabajo colaborativo que reafirma el crecimiento de la escena alternativa chilena desde la autogestión, la amistad y el trabajo entre regiones.

La música alternativa chilena vive uno de sus momentos más fértiles y, desde el sur del país, dos de sus nombres más comentados acaban de entregar una de las colaboraciones más significativas del año. Cámara Chilena de la Destrucción y La Estrategia del Caracol estrenaron El Hambre y las Ganas de Comer, un split de ocho canciones que une las sensibilidades del emo pop, el post-hardcore, el math rock y el punk en una obra que trasciende el simple formato compartido para convertirse en una declaración de principios.
La idea comenzó a tomar forma a fines de 2024. Lo que inicialmente sería un intercambio de un par de canciones terminó transformándose en una producción de treinta minutos y ocho composiciones grabadas entre Santiago y el sector del puente Molco, entre Villarrica y Pucón. El resultado es un recorrido emocional donde conviven melodías luminosas, guitarras urgentes, pasajes introspectivos y explosiones de intensidad que reflejan las inquietudes de una generación que construye su propia escena lejos de los grandes centros de la industria.
La Estrategia del Caracol, integrada por Juan Pedro Muñoz, Mariano Mora, Tomás Aguilar y Vicente Machuca, aporta canciones que exploran emociones cotidianas, frustraciones y reflexiones personales desde una sensibilidad melancólica y directa. Por su parte, Cámara Chilena de la Destrucción —formada por Antonio Rebolledo, David Pérez, Diego Chacón y Pablo Villouta— entrega composiciones profundamente autobiográficas que retratan experiencias personales y colectivas, invitando al oyente a sumergirse en el universo emocional de la banda.
El disco incluye los temas "Corriente", "Código Morse", "Vértigo", "Raúl Ducci Claro", "Panqui", "Diversión Tipo 3", "Sama Sushi Bar" y "GTA Santiago", configurando una experiencia dinámica donde cada agrupación conserva su identidad, pero dialoga constantemente con la otra. Publicado el 22 de abril de 2026 a través de Unísono Records y el Colectivo Doble Cara, el trabajo ha comenzado a circular con fuerza entre seguidores del emo y el post-hardcore latinoamericano.
Las influencias declaradas de ambas bandas incluyen referentes fundamentales del underground internacional como Fugazi, Modern Baseball y Title Fight, aunque el resultado evita la mera imitación. Más bien, construye una voz propia que recoge elementos del emo contemporáneo, el punk melódico y el post-hardcore para traducirlos a una realidad profundamente chilena y sureña.
La relevancia del lanzamiento también radica en su dimensión territorial. Temuco aparece nuevamente como uno de los focos creativos más activos del país gracias al trabajo articulado de músicos, colectivos y sellos independientes. Tanto Cámara Chilena de la Destrucción como La Estrategia del Caracol forman parte de una generación que entiende la colaboración como una herramienta fundamental para fortalecer la circulación de proyectos entre regiones y la capital.
El título del álbum resignifica un conocido refrán popular chileno. Para las bandas, "juntarse el hambre con las ganas de comer" no representa una desgracia, sino una coincidencia afortunada: la unión de personas distintas que persiguen un mismo objetivo. En este caso, la necesidad compartida de crear, tocar y construir comunidad a través de la música.
La producción, grabación, mezcla y masterización estuvo a cargo de Vicente Silva, conocido como Don Milton, nombre que también ha destacado por su trabajo junto a Todos Mis Amigos Están Tristes en el álbum Carne. Su participación aporta cohesión a un material que combina crudeza, sensibilidad y una identidad sonora reconocible.
Más que una colección de canciones, El Hambre y las Ganas de Comer se instala como un retrato del presente de la nueva escena alternativa chilena. Una escena que crece desde Temuco, Valdivia, Santiago y otras ciudades del país mediante redes colaborativas, autogestión y una convicción compartida: las mejores historias musicales siguen naciendo lejos del centro.





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