BOTOTO | Rock crudo, directo y sin pedir permiso.
- Grítalo

- hace 2 días
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Desde el encierro lluvioso de Villarrica hasta el ruido del escenario, Bototo hace del blues, el punk y el rock pesado una sola cosa: canciones nacidas de la urgencia, tocadas sin filtros y sostenidas por una ética clara, volumen alto y cero concesiones.

Hay bandas que nacen con plan de negocios y otras que aparecen como un golpe en la mesa. Bototo pertenece, sin pudor, al segundo grupo. Su música no pide permiso ni levanta discursos grandilocuentes. Es rock hecho desde la urgencia, desde el cuerpo y desde ese impulso primario que aparece cuando el silencio ya no alcanza. En conversación con Grítalo Magazine, la banda repasa su origen, su presente y esa forma tan suya de entender el oficio de tocar fuerte y decir lo justo.
La identidad de Bototo se escucha sin rodeos en CRUDO, su disco más reciente. Blues, rock pesado y punk rock conviven sin jerarquías ni disfraces. No hay una búsqueda por parecerse a alguien ni por calzar en una etiqueta de catálogo. La premisa es simple y radical a la vez hacer rock, directo, sin adornos y sin explicaciones innecesarias. En tiempos de sobreproducción y discursos inflados, Bototo apuesta por lo esencial.
El origen de la banda está lejos de cualquier relato épico. Nace desde una necesidad vital de expresión, en un invierno lluvioso en Villarrica, marcado por el encierro y la introspección. De ese clima denso surgen las primeras canciones que luego se comparten con la banda y activan el proyecto. Esa energía inicial, lejos de diluirse, sigue siendo el motor que empuja a Bototo hasta hoy.
No hay una sola escuela ni una única forma de entender el género. Hay experiencia acumulada, escenarios recorridos y una voluntad clara de sintetizar todo eso en algo propio.
El proceso creativo de Bototo parte desde lo musical. Un riff abre el camino y, desde ahí, la canción empieza a tomar forma en la sala de ensayo. La letra llega al final, como un cierre natural del recorrido sonoro. Es un método orgánico, sin fórmulas rígidas, que privilegia la energía y el pulso antes que el concepto.
Las letras nacen desde vivencias personales y situaciones cotidianas, pero rápidamente se expanden hacia lo colectivo. Hay espacio para lo existencial, para la observación crítica y también para el humor y la complicidad. No se trata de bajar línea, sino de compartir una mirada, a veces áspera, a veces irónica, pero siempre honesta.
CRUDO marca una etapa clave en el camino de Bototo porque funciona como una declaración de principios.
Es un disco que dice quiénes son y dónde están parados. Resume el sonido y la energía de la banda en este momento, sin mirar hacia atrás ni preocuparse demasiado por lo que viene después.
Dentro del repertorio, la canción “Crudo” ocupa un lugar especial. No solo le da nombre al disco, sino que es uno de los temas que mejor conecta con el público en vivo. Fue de las primeras canciones que compusieron y sigue siendo una especie de carta de presentación, un resumen sonoro de la identidad de Bototo sobre el escenario.
El vínculo con la escena local ha sido determinante. Los lugares donde han tocado y la gente que se acerca a verlos han influido directamente en la forma en que entienden su música hoy. En vivo, la prioridad es clara que el público lo pase bien y se lleve consigo todo el rock de Bototo, sin medias tintas.
En su imaginario musical conviven referentes como Motörhead, Fiskales Ad-Hok, Los Peores de Chile y Pappo. Influencias evidentes, pero nunca imitadas. Bototo asume esa herencia como un punto de partida, no como un molde.
El feedback del público es fundamental. Los mensajes por redes, la respuesta en las tocatas y las invitaciones a tocar funcionan como combustible para seguir adelante. No hay una estrategia de validación externa, pero sí una escucha atenta a lo que pasa frente al escenario.
Actualmente, la banda está enfocada en la presentación de CRUDO y ya cuenta con fechas confirmadas. El próximo 7 de febrero se presentarán en el Festival Río Chico en Puerto Montt y pronto se anunciarán nuevas fechas en Santiago. En paralelo, la composición no se detiene.
No hay una obsesión por dejar mensajes ni por ocupar un lugar simbólico en la escena. Les gusta el rock, quieren tocar y esperan que sigan existiendo espacios abiertos, sin censura, donde las bandas nuevas puedan aparecer y hacer ruido.
En tiempos convulsos, Bototo elige una postura clara seguir tocando, seguir expresándose y defender el derecho básico a subir el volumen. A veces, eso ya es una forma de resistencia.
Bototo no se proyecta demasiado hacia el futuro. Prefiere habitar el presente. La esencia, dicen, se mantiene mientras hagan lo que tenga sentido para ellos.



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